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Por qué los periódicos se están yendo a la ruina

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Tags Medios y CulturaValor e Intercambio

03/17/2018

Esta semana se ha anunciado que el Denver Post recortará pronto su personal en un tercio. La redacción cuenta actualmente con 100 periodistas y pronto se reducirá en 30 puestos.

Periodistas y otros observadores empezaron enseguida a buscar culpables.

Un periodista culpó inmediatamente al fondo de inversión (Alden Global Capital) que posee el Post: “30 personas serán despedidas del @denverpost el 9 de abril. Este fondo de inversión no dejará de matar al periodismo para cuadrar sus cuentas”.

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Esta última noticia se produce solo unas semanas después de que el Denver Post anunciara que iba a hacer de pago el sitio web, sin duda esperando conseguir más ingresos.

En ese momento, uno de los articulistas del Post culpaba a los propios lectores de los males del periódico, indicando que los usuarios gratuitos estaban haciendo muy difícil publicar un producto mediático y seguir pagando la luz. “Estamos hartos de trabajar gratis”, concluía el columnista.

Bueno, ahora parece que un tercio de la redacción no trabajará en absoluto, ya que, aparentemente, el sitio de pago no está produciendo tantos ingresos como se esperaba.

¿Cómo pueden seguir funcionando los periódicos?

Por supuesto, no hay nada especial en el Denver Post. Periódicos veteranos de todo el país (desde grandes cabeceras como el Chicago Tribune a pequeñas como el Mt. Vernon Register-News) están despidiendo personal e incluso cerrando totalmente.

¿Pero qué pueden hacer los periódicos para seguir funcionando y evitar los despidos?

Bueno, el desafío para los periódicos en este sentido no es distinto del de cualquier otra empresa del mercado.

Para seguir funcionando, las empresas deben ofrecer a los consumidores un producto que el consumidor esté dispuesto a pagar.

Si los consumidores parecen no estar dispuestos a pagar para acceder a periódicos, esto significa que la calidad se percibe como demasiado baja para el precio demandado. La solución está, o en aumentar la calidad percibida, o en reducir el precio.

Estudios recientes han demostrado que muchos consumidores (especialmente los más jóvenes) están dispuestos a pagar por sus noticias. De hecho, el American Press Institute (API) concluía que “casi 4 de cada 10 adultos de menos de 35 años están pagando por sus noticias”. Pero aquí está el problema: los que siguen pensando en pagar por noticias son sensibles a los precios. La encuesta del API sugiera que a los consumidores no les interesa pagar más de un dólar por semana (o 4-5 dólares por mes) por sus periódicos. Por desgracia para los periódicos, muchos están pidiendo más del doble de ese importe. El Denver Post pide 12 dólares mensuales para entrar en el sitio. Es más incluso que el New York Times, que cobra ocho dólares mensuales.

Ambas publicaciones podrían superar este problema convenciendo a los consumidores de que el producto vale más que un dólar por semana. O pueden encontrar una manera de reducir sus costes de producción de forma que un dólar por semana sea suficiente como para conseguir un beneficio.

Por qué es improbable que los periódicos proporcionen lo que quieren los consumidores

Parece que muchos periódicos no están dispuestos a hacer esto.

De hecho, hay una sensación expresada a menudo entre periodistas, redactores y otro personal del sector de que están infravalorados y de que los consumidores deberían estar dispuestos a pagar más por el acceso a los periódicos. En otras palabras, la creencia entre los profesionales del periodismo es que “nuestra calidad ya es buena, gracias. ¡Llevamos a cabo un servicio público indispensable!” Si el público no está dispuesto a ver lo alta que es la calidad del trabajo periodístico, parecen pensar algunos, debe ser porque los consumidores son ignorantes, prejuiciosos o avaros.

Es posible que, como afirma la gente del sector periodístico, algunos reportajes realizados por periódicos beneficien a la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, el periodismo de investigación que muestra la corrupción pública tiene beneficios más allá del mero disfrute de su lectura por los suscriptores. Incluso personas que no son suscriptores y nunca leen la publicación en cuestión se benefician de estas actividades.

Pero solo una pequeña parte de lo que hacen los periódicos puede entrar en este ámbito del “servicio público”. La mayoría de los periódicos dedican la parte del león de su esfuerzo a cubrir deportes, cine, los bares y restaurantes de la zona y las inauguraciones locales. Al mismo tiempo, en las páginas de opinión hay periodistas sin experiencia real ni cualificación en políticas públicas, economía o negocios que escriben columnas. Nada de esto puede considerarse un “servicio público”. La mayor parte es solo entretenimiento o relleno interesado.

Así que basarse en el argumento del “servicio público” (y tratar de culpabilizar a la gente para que pague más por los periódicos) no es probable que pague las facturas. Como ha indicado en experto en medios Clay Shirky:

La gente de los periódicos señala frecuentemente que estos benefician a la sociedad en su conjunto. Es verdad, pero es irrelevante para este problema: “¡Nos vas a echar de menos cuando no estemos!” nunca ha sido un buen modelo de negocio.

Y este modelo de negocio se convertirá en un fracaso aún mayor al intensificarse la competencia por el tiempo, el dinero y la atención del público.

Esta competencia adopta multitud de formas. Viene de otros medios, como la televisión, YouTube y los comentarios gratuitos en línea sobre diversos tópicos, desde deportes a medios de comunicación o política. Los periódicos también perdieron hace tiempo la competición con organizaciones como Craigslist, que hicieron que los ingresos provenientes de los anuncios clasificados de los periódicos quedaran obsoletos. En otras palabras, la calidad de los servicios ofrecidos por los periódicos no se percibe como suficientemente elevada como para sacar a los consumidores de la competencia.

En la mayoría de los sectores, empresarios y empresas responderían a la nueva competencia tratando de ofrecer un producto mejor con un precio competitivo. Y con “mejor” quiero decir algo que los consumidores es más probable que quieran. Pero las coas no funcionan así en el sector de la prensa. En lugar de encontrar un nuevo modelo de negocio que pueda atraer a los lectores de vuelta a donde podrían estar dispuestos a pagar más por el contenido, la principal estrategia de los periódicos parece haber sido culpar a sus clientes por ser desagradecidos.

Es esta actitud altanera de proporcionar un servicio público la que lleva a muchos periodistas a afirmar que la obligación de los dueños de un periódico es “dejar de matar al periodismo” cuando estos reclaman que genere un beneficio suficientemente grande. Es esta actitud la que lleva a reportajes para quejarse de lo “mal pagados” que están los periodistas, en lugar de preguntarse sencillamente “¿qué podemos hacer para convencer a la gente para que nos pague más?”. De acuerdo con este modo de pensar, todos deberían estar dispuestos a sacrificarse (con menos beneficios o con precios demasiado altos) para mantener en funcionamiento los periódicos.

Por qué la gente no quiere pagar más por las noticias

Aunque muchos periodistas se ven como la voz del pueblo contra los poderes fácticos, el hecho es que poca gente confía en los periodistas o los ve como fuentes fiables de información. Es probable que sean todavía menos los que ven a los periodistas como tribunos de la plebe. Después de todo, según Politico,  solo el 7%  de los periodistas se identifican como republicanos. Cuatro veces más se identifican como demócratas. Entretanto, el 37% de los estadounidenses en total se identifican como republicanos. Aunque la afiliación a un partido no es una guía fiable sobre la postura de alguien en todos los temas, la situación en general está sin embargo clara. No sorprende que durante y después de la campaña presidencial de 2016, los periodistas parecían considerar a los votantes de Trump como unos excéntricos extravagantes en el mejor de los casos y como extremistas violentos en el peor. Y “el pueblo” parece haberse dado cuenta. Según Gallup, la confianza en los medios de comunicación en 2016 cayó a su mínimo histórico, con solo un 32% de los encuestados diciendo que confiaban en los medios de comunicación de masa “para informar de las noticias, completa, precisa y justamente”.

Además, en años recientes, el patrón periodístico de “objetividad”, siempre en la práctica con algo de fantasía, se ha derrumbado incluso como ideal, como escribe Sharyl Attkisson en The Hill:

Los cortafuegos que en un tiempo separaban las noticias de la opinión se han visto remplazados por líneas desesperantemente difusas. Prácticas antes prohibidas como editorializar dentro de simple noticias e incluir opiniones como hechos no solo se toleran: se animan.

Dada esta realidad, no es difícil entender por qué muchas fuentes de noticias tienen tantas dificultades para convencer a una buena parte de su audiencia para entregar dinero contante y sonante. Si los clientes piensan que van a ser tratados con desprecio, es improbable que quieran pagar por el producto terminado de los periódicos.

Sin un cambio esencial en como periódicos y periodistas se ven a sí mismos, es difícil ver cómo van a superar el problema de los altos precios y las percepciones de baja calidad. Como pasa con todas las empresas de éxito en el mercado, la respuesta reside en proporcionar un producto que el consumidor está dispuesto a pagar. Pero, por ahora, todas las evidencias sugieren que los periódicos no son demasiado buenos en eso.

Ryan McMaken (@ryanmcmaken) is the editor of Mises Wire and The Austrian. Send him your article submissions, but read article guidelines first. Ryan has degrees in economics and political science from the University of Colorado, and was the economist for the Colorado Division of Housing from 2009 to 2014. He is the author of Commie Cowboys: The Bourgeoisie and the Nation-State in the Western Genre.

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